Los incendios forestales transforman el pastoreo estival y ponen a prueba su resiliencia
En toda Europa, los veranos son cada vez más cálidos y secos, lo que hace que aumente el riesgo de incendios. En este contexto, el pastoreo puede contribuir a reducir la vegetación combustible y formar parte de las estrategias de prevención, aunque su efecto depende del tipo de ganado, del manejo y de las características de cada territorio.
Hoy en día, los incendios suponen un gran reto por su frecuencia e intensidad, pero no son algo nuevo, el pastoreo lleva siglos configurando nuestros paisajes y contribuyendo a prevenir y gestionar el fuego.
Reducir la carga de combustible
El pastoreo regular ayuda a controlarla vegetación herbácea y arbustiva, por lo que hay menos «leña menuda» a finales del verano. En cortafuegos, laderas y a lo largo de los caminos, las franjas pastoreadas pueden reducir la altura de las llamas y facilitar el paso a los bomberos.
Las distintas especies ganaderas actúan de manera diferente sobre la vegetación: mientras ovejas y vacas aprovechan principalmente los pastos herbáceos, las cabras consumen una mayor proporción de brotes y matorral y acceden a terrenos más escarpados. Cuando el territorio y el manejo lo permiten, su combinación puede ayudar a actuar sobre diferentes tipos de combustible vegetal.
Por tanto, mantener sistemas pastorales viables es una parte importante de la prevención, junto con la gestión forestal, los trabajos de desbroce y los servicios profesionales de extinción de incendios.
Trabajar en condiciones estivales cambiantes
Los veranos largos, cálidos y secos exigen cambiar la forma de practicar el pastoreo. La calidad de los pastos disminuye y las horas de trabajo más seguras se desplazan al amanecer y al atardecer. Cuando se aproxima un incendio, las rutas habituales pueden quedar cortadas y ciertas infraestructuras, como los cercados, corrales y puntos de agua, pueden quedarse inhabilitados. Mantener los rebaños agrupados se vuelve más difícil, pero también más importante, especialmente en el caso de los animales jóvenes.
Después de un incendio, la recuperación es desigual y por eso, el retorno del ganado debe planificarse cuidadosamente. Los pastos pueden rebrotar con relativa rapidez cuando el fuego no ha afectado gravemente al suelo, pero, cuando arde matorral denso y el terreno queda desnudo, la recuperación puede ser mucho más lenta. En las pendientes, la pérdida de cubierta vegetal aumenta además el riesgo de erosión. Los primeros brotes resultan atractivos para el ganado, pero todavía son frágiles, y las fuentes de agua pueden no ser seguras.
Ante esta situación, los pastores tienen que reorganizar los movimientos del ganado y decidir cuando es seguro volver a las zonas afectadas. Mientras se recuperan la vegetación, deben buscar otros pastos para que los animales sigan bien alimentados, tengan acceso al agua y se mantengan sanos. Cuando no existen alternativas suficientes, puede ser necesario trasladar los rebaños o complementar su alimentación con forraje y pienso o reparar infraestructuras, con el trabajo y los costes adicionales que ello supone.
Esta situación se ha hecho especialmente visible este verano en los puertos de montaña de la Cordillera Cantábrica, donde la falta de pasto y agua, agravada en algunos casos por los efectos de incendios anteriores, ha obligado a algunos rebaños a abandonar las zonas de montaña antes de lo previsto. Por ello, la coordinación y cooperación a escala local resulta fundamental para compartir recursos y buscar soluciones.
Compartir soluciones entre regiones
En España y Portugal, los incendios forestales forman parte desde hace años de la realidad de muchos territorios rurales, especialmente durante los veranos cálidos y secos. Sin embargo, esta preocupación se extiende cada vez más hacia otras regiones europeas, incluidas zonas de montaña y otras regiones del centro y norte de Europa, donde los grandes incendios eran menos habituales.
Las regiones están intercambiando prácticas para reforzar la resiliencia de los sistemas pastorales y experiencias de gestión del fuego: desde la identificación de cercados de refugios y la planificación del pastoreo posterior a los incendios hasta el pastoreo colaborativo en franjas de cortafuegos, los acuerdos de acceso estacional, y el abastecimiento de agua para equipos de intervención.
Los conocimientos procedentes de la transhumancia mediterránea, los pastos estivales alpinos y los pastizales atlánticos confluyen a medida que las condiciones se vuelven más similares. Este intercambio ayuda a las comunidades a prevenir los incendios, a responder ante ellos y a recuperarse de ellos.
Un apoyo que marca la diferencia
Los pastores contribuyen a controlar la vegetación combustible mediante el pastoreo cotidiano, pero el apoyo que reciben determina hasta qué punto pueden desempeñar eficazmente esta función. Entre las medidas necesarias se encuentran garantizar la continuidad y funcionalidad de las vías pecuarias y el acceso a zonas de refugio, zonas de descanso, abrevaderos y pastos alternativos; reparar con rapidez los cercados y puntos de agua después de un incendio, y facilitar los permisos necesarios para desplazar el ganado cuando cambian las condiciones.
La coordinación entre los equipos de emergencia y los pastores refuerza tanto la prevención como la respuesta ante los incendios. Los pastores conocen profundamente los territorios que recorren: los caminos, los puntos de agua, las zonas de refugio, el estado de la vegetación y los lugares por los que se puede desplazar el ganado. Integrar este conocimiento local en la planificación puede ayudar a anticipar problemas y a organizar mejor la respuesta, siempre bajo la coordinación de los servicios responsables de la emergencia.
El reconocimiento de esta labor también es importante. En el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026, que pone de relieve los numerosos servicios ecosistémicos asociados al pastoralismo, las políticas pueden reflejar mejor la contribución del pastoreo a la reducción del riesgo de incendios, la conservación de la biodiversidad, el paisaje y las economías rurales.
Los incendios y las sequias forman parte de un conjunto más amplio de presiones que afectan los sistemas pastorales, desde la volatibilidad de los mercados hasta el riesgo de depredación, que amenazan la viabilidad de los sistemas pastorales. Para ayudarles a mantener su resiliencia y seguir aportando beneficios públicos, será necesario proporcionarles un apoyo continuado y flexible.
CoCo (Co-creating Coexistence, «Cocrear la coexistencia»), es un proyecto financiado por Horizonte Europa que reúne a 17 entidades de 12 países. Su objetivo es avanzar en soluciones que mejoren la convivencia entre la ganadería y los grandes carnívoros, y ayuden a mantener la viabilidad de los sistemas pastorales ante unas condiciones cambiantes, como el calor, la sequía y la necesidad de compartir el territorio.
Para más información sobre el proyecto CoCo: cocoproject.eu.







